Saturday, 15 August 2009

Amaneceres opacos





Esta mañana levité de mi cuna en ovalados giros de incongruente vacío. Miré hacia abajo y ví que no había nada, mis pies flotaban en el aire liberados de la cadena del equilibrio físico a los que habían estado sometidos durante tantos años. El pecho que me oprimía al descender mis ojos ya sobrevolaba como mis pensamientos actuales. Intenté mirar adelante con el fin de bautizarme en el presente del horizonte virtual de un nuevo día y descubrí que ante mí no se presentaba ninguna figura ni representacón que habitara en mi cerebro con anterioridad. Todo parecía una foto de algún lugar en el que se había ido la luz.



En vano me acerqué con sigilo hacía la habitación donde solía comenzar el día y a duras penas conseguí distinguir la mesa donde el vaho y el olor a café dormitaban esperando los labios cortados por el filo del sueño corrompido. Me senté en lo que era mi silla y esperé que mis ojos recobraran alguna de sus facultades perdidas. Durante horas medité con aquel café entre mis manos y la mirada al frente esperando al fantasma que por su naturaleza blanquecina y espiritual podría despojarme de la tela espesa de la oscuridad eterna. Añadí una dosis de la olvidada lógica conceptual al momento que estaba viviendo y removí con ella el pesado líquido de la memoria para hallar acontecimientos que anticiparan esta situación tan elocuentemente absurda. La cuchara se partío y apenas ví nada que pudiera ayudarme, ningún alma apareció ante mí, ninguna voz se cruzó con las cavidades internas de mis oídos.



Finalmente me levanté y entré en lo que siempre había sido mi balcón. Las nubes eran un mero volumen aún más denso sobre las pinceladas de un horizonte asfaltado y lúgubre. La luna me miraba, pues sus ojos eran visibles a pesar de la confusión sensorial. El suelo bajo el balcón reflejaba la misma ausencia de color que al fin divisé en mi interior. El mundo finalmente se había mutado tan negro como la vida que yo había vivido en él y sólo faltaba que yo me entregara a él para finalizar el proceso tan temido del fin de la vida. Suspendido en el vacío otorgué las llaves de mi energía a los designios de la gravedad, y poco antes de besar el negro abismo me ví reflejado en él. Los brazos negros, la boca abierta era una apertura hacía los huecos internos de la soledad buscada y tantas veces negada. Los ojos se cerraron con la convicción de haber besado el infinito en mi piel y sobre ella.

...

Ahora abro mis ojos y el agua me impide sostener la mirada por mucho tiempo. Me hallo sumergido en el mar del mediterráneo, cálido y suave envolviendo mi espíritu. La luna y el sol son uno más de los astros que sostienen mi existencia. El cielo es líquido, mi alma se fundío sobre las olas y mi aliento se confunde con las corrientes marinas que golpean la playa donde alguien se mirará y se buscará. El tiempo dirá si otra mañana seré luz, playa, astro o piedra sobre la arena, pero me conforta pensar que nada es como yo predije, y que nada fué como yo supuse. Todo es, lo que nunca imaginé que pudiera ser y eso, para esta mente tan dolorosamente mecida por la imaginación fértil de lo imposible, es mucho decir.

1 comment:

  1. Fascinante y envolvente; terrorífica inmersión en lo profundo de la vida humana...

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