Wednesday, 14 October 2009














You take my clothes off. They won't be of any use to where I am heading to. I shave my hair, exposing my skull to full view. No more need for aesthetics, no more care is needed. I can see a crossroads of veins born on my temples and following their roads all over the surface of the head. We are the roads we follow, and ultimately we come back and forth until we get bored of them. Difficult to admit, but there is always a dead end old road in everyone of us.


I later proceed to erase the rest of protection for my skin. The face loses expression as the brows fall on my chest, the marks of youth appear over my naked self as the intimate becomes unveiled. Hard to remember how one looks when we are children and we can barely see what we are diving in.

Then the knife, sharp and shining like in old times. The surface is cold as the veins it cuts, but the flowing soul runs warmer than I ever thought.

I paint with me all the mirrors in the room. In no delicate manner I fill them up with my ink until they vomit me, writing no love stanzas but a single voluminous spit of doom over my identity they can no longer represent. I cover them all, black from the rotten wounds of decay and vice, showing some crimson blush that soon fades with the venom of my older truths finally shown

Then I call you to where I am, and you lick me up. There is no need for rush, but you must take it all. As you swallow me, I can see in your eyes that you finally understand me. No need for words, you take me in and accept my will. Then you leave, and I stay a little more. I touch you for the last time, leaving your deep perfume on my finger tips. The same fingers I turn my last pages with.

Finally I lock all the doors that I opened all my life, sealing them with my last hopes that all I ever did was crossing them without leaving anything there. I wished I had created new doors, opened new gates and destroy all the ones that proved doomed. Nothing I ever did was worth being mentioned except these last lines.

The final door is opened by others, or by self impulse. There is a long corridor without walls. As I try to put my step on it I realise there is no floor, no ceiling, no door in itself. Then a splash of light hitting my cells, bathing me in a dream that should never end.

When I open my eyes,  I watch the hand of fate turn into a fist and digging its way into my chest, splitting my past life in two and taking its heart out.

Then...only long time after that...this same heart is buried on another chest, nailied all over it through different veins, under another skin. Another body will be there again, more blood will make it move and feel once more. I will get up and walk again only to find new doors to open, old roads to take. At the end you will be there and this time I will drink you. You will empty yourself in me and you will leave. I will cry over my mirrors and the black paint will wear off. My hair will grow back and my own self will reach the angles of my face to make it live.

The clothes will be there to cover me again, waiting for you to take them off once more

Monday, 5 October 2009

Dedicado a Mil

Cuando tú estabas siempre aquí, me gustaba mirarte de reojo. A veces sonreía y tu me respondías, siempre atento a todos mis movimientos.


Me respondías, dabas vueltas en círculos que sólo tú sabías descifrar. Pero me gustaba ver tu danza al lado de la ventana.

Si te hablaba desde otra habitación, tú siempre respondías. De manera más o menos explícita me hacías ver que me oías, me sentías, me esperabas.

Pasamos mucho tiempo juntos, muchas tardes y mañanas de campos verdes, música estruendosa, voces, ruidos, olores, aromas.

Tu siempre mirabas al cielo, al suelo, a las piernas de las chicas, a lo más bello de la vida.

Mi ilusión era sentirte siempre, como te siento ahora.

Muchas veces soñaba contigo, y tú eras aún más pequeño. Tenía miedo de perderte, de que tu identidad se desvaneciera, de que resbalaras de entre mis manos y no pudiera encontrarte.

Ahora que te has marchado, te busco por todas partes. A veces te encuentro, te apoyas en mi hombro y haces todos esos ruidos que tanto me gustaban.

Mi pequeño amigo alado, tus alas siempre abiertas, tus ojos siempre abiertos. El sonido de tu pico entre tus alas era la única melodía que destacaba entre los días más duros.

Tú siempre estabas ahí. Conmigo.

Siento que te he fallado. Confiabas en mí, y yo no supe protegerte del roce del negro manto de la oscuridad. Quería pedirte que me perdonaras, si puedes. Siempre torpe, nunca supe hacer las cosas bien. Muchas palabras y las acciones no me acompañaron.

Te marchaste y te echo de menos.

Necesito verte y hablarte. Que me cuentes qué estás viendo, qué forma tienes ahora.

Necesito que estés conmigo y me sigas acompañando.

Hasta que yo también cambie.

Me ofreceras la mano cuando yo también me marche?

Gracias por estar conmigo, gracias por cuidarme

Te quiero

Siempre

Mi pequeño amigo



Thursday, 1 October 2009

Otra vez












Y aquí nos encontramos otra vez.


Tú y yo mirando desde el mismo lado del espejo. Tu te bañas en su profundo abismo real, y yo bebo de las ondas que tu movimiento origina. De arriba a abajo, de manera gradual y envolvente, el agujero del tiempo se hace más lento e intenso a medida que subes a la superficie. Entonces vierto el aroma de la soledad en círculos de viciosos humores corrompidos por el aire gastado en la celda de lo etéreo. Rozo el sueño de una vida sin dueño y un collar con espinas se me adormece en los miembros. 


La belleza es horizontal y el amor es un contorno oblícuo que esculpe las rosas con cuya sangre, fuente de vida, me fundo y el sostén pierdo de la cordura sin fe. Ya no siento las telas con las que vestí mi miedo y desnudo ante el cielo caigo ante tí.  Con la espalda despierto, la mirada rebelde hacia el musgo de hielo que yace ante mí. Allá estás tú, rota y hermosa... En tu cuerpo se ocultan los versos dormidos en hojas de esparto y tinta de piel. Escribimos las prosas con sabor al aire que nunca sentimos rozar los caminos de nuestra pasión.


Y ahora siento que el olvido es un trino de un ave furtiva que escapa del yugo de la vida sin tí