Tuesday, 25 May 2010

σφυγμός


Te levantas y sigues tan nervioso como la noche anterior. La cama ha amplificado la melodía del eco del vacío en tus entrañas. Piensas que tus ojos siguen cubiertos por los párpados pero la realidad es que están cubiertos por finas telas que no dejan ver el exterior. Igual que las nubes que pueblan desordedamente el cielo, tus miedos se ramifican progresivamente en tu interior.

Tienes más hambre de lo habitual, pero compruebas cómo ningún alimento que engulles puede provocar un cambio de rumbo en la cadencia de tu pálpito arrítmico. Los sabores son iguales, el amargo tiñe de color al dulce y le quita relevancia. Tu lengua es una capa más que adormece tu boca y bloquea la asimilación de todos los acontecimientos que te rodean recientemente

Nada importa demasiado, y todo es demasiado relevante. Cambias el orden a tu alrededor y la compulsión que ataca la decisión atenaza el desenlace de la coherencia real. Todo es distinto, pero el día es calcado al anterior, tu cuerpo está vivo pero tu mente está estancada en el ayer. No puedes avanzar, pero ansías el momento en el que no te importe estancarte.

Finalmente buscas el dolor, la fuente eléctrica que acompaña el recorrido de las garras nerviosas con su cálido fluido de oscuro temblor. Buscas entonces un rincón que te fagocite, una forma geométrica que te esconda en el seno del espacio, una sombra que te mezcle con ella y te transporte a oscuridades pasadas. La unión con lo que fuiste y lo que serás. La decadencia y muerte del presente, la fusión del ayer y del hoy, allá donde los sonidos son más bellos que entonces y donde las sonrisas volverán para siempre.

Lloras y entonces respiras con el aire que no está en tus pulmones, existes con las venas vacías del experimento vital que no funcionó del todo, amas a través de las grietas de tu cuerpo caído desde el cielo corrupto que rechazó tu agonía en flor. Vives porque supiste vivir los momentos que para siempre debían perdurar. Superaste el las horas en punto y los sesenta segundos de cada minuto. Serás lo que fuiste y encontrarás de nuevo lo que ya tenías, pero ahora ya no se irá de tí.

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