Saturday, 20 November 2010

Crisálida Invertida

Desadherido del gelatinoso agujero del olvido, conseguí agarrarme al último resquicio de la identidad que algún pútrido cerebro perpetró para mí. Mis dedos penetraron las grietas en el muro que me separaba de mi previo infierno. Al mismo tiempo mi mente recuperaba los momentos en los que mi locura me había ido conquistado con el perfume obsesivo del conocimiento. Cual gusano, ciego pero hambriento, entró en mi interior y me lamió lascivamente los ridículos vestigios de pureza banal. Mis nervios se fueron fosilizando y las corrientes desviaron su torrente hacia el exterior. El corazón batió su sangre para el cuervo que, nacido de este bautismo invertido de dolor, ya despegaba el vuelo hacía el grosero silencio de la locura.


Aquí me dejó mi muerte. Moribundo y vaciado de mi mismo, vagué largo tiempo por estos pétreos suelos buscando puertas que me devolvieran a algún lugar donde mi mente pudiera descansar. Todo fue en vano durante meses, años...quizá siglos. La medida del tiempo se me escapó entre las manos que se había despedido sin tristeza el día en que dejé de ser yo. Las agujas del reloj se habían deformado, convertido en una sinfonía que fagocitó todas y cada una de mis emocionas y me regurgitó al averno sin fin. El dolor, el olvido, el castigo de haber danzado con las leyes del tiempo y la física del equilibrio con un dios altivo y voraz.


Ahora mis dedos han penetrado la última piedra en el agujero más profundo que he podido encontrar en este mundo. Me agarro e intento ascender a algún sitio, mi cerebro sigue reglas que ya no son válidas para mí. Por eso yerro una y otra vez en mi intento hasta que algo se ilumina allá arriba. Desde aquí mi visión es como un tunel de seda que se desenrolla así mismo como una madeja de humo hacía una luciérnaga en el horizonte. La roca se ha vaporizado y ahora me encuentro asido a las hebras de una tela de araña que se pega a mi piel. Me cubre y me envuelve, me fundo poco a poco en ella y mis pensamientos se deshacen más y más. El dolor y el pavor cubren mis huesos y corroen el resto de mi cuerpo.


Me encuentro más cerca de la luz, la espesa niebla se ha ido abriendo y me ha devuelto a algún lugar que yo ya he conocido antes.

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