Monday, 6 February 2012

Sin disculpas

Me pregunto qué sientes al final del día cuando las luces se apagan y no tienes ningún espectador.

¿Te crees tus propias mentiras?

Estás tan crecida en tu propia vanidad que estoy seguro que no eres capaz de discernir lo que es creación propia o simplemente la basura perpetua de tu abyecta inutilidad de niña de cuatro años.

Seguro que cuando cierras los ojos piensas que la mierda que has creado merece la pena. Estoy convencido de que piensas que la miseria que provocas es parte de tu trabajo y te sientes orgullosa de llevar la ignorancia por bandera a mentes que son inmunes a tu corpulenta y robusta corrupción moral.

Lo cierto es que estás sola en tu mediocridad. Tu misma te encargaste de meter tus pies en la ciénaga que tu pútrida mente creó...pero no te dés más importancia de la realmente tienes. Tu fétida incongruencia es fruto de la negligencia de una mente limitada, pobre y prontamente senil.

Mientras tú vives en la mediocridad moral y la ignorancia vital el resto estamos felices.

No nos tocas, no nos ves, no puedes ni siquiera vislumbrar lo que somos.

Ciega, tonta, futil.

Nos resbalas, te olvidamos...eres patética.

Ahora abro mi segunda cerveza, los ojos al otro lado del balcón, mi cuerpo acomodando a mi alma danzante del gozo del placer. La convicción de que dos y dos siguen sin ser cuatro y del contínuo disfrute de cada momento, cada bocanada de aire lejos de tí. Lejos de la muerte del pensamiento y muy cerca del paraíso hedonístico que me proporciona el saber que tú estás maldita.

Jódete

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