Sunday, 16 December 2012

Bebiendo de las sombras de lo bohemio



Me dieron los mejores instrumentos, me vistieron con las mejores ropas y me agraciaron con un cuerpo sano y fuerte. Metieron los mejores currículos en el bolsillo de mi chaqueta y pusieron el sello de las más elevadas expectativas en mi pasaporte. 

Se suponía que estaba destinado a grandes cosas. Ya sabéis, chico bueno, buena familia, buen entorno.

Poco queda ya de aquellos sueños, entre otros motivos porque no eran los míos. Me he ido deshaciendo de cada una de sus ilusiones, desnudando mi espíritu de todo lo que me estorbaba.

Conservé las alas que me regalaron pero me las ensucié adrede con el polvo negro que salia de mi corazón. Tatué mi piel con la tinta de mi perversión y escribí versos en lugares que debía honrar.

Entré por calles que no estaban en sus mapas y abrí puertas que ellos tenían miedo de abrir. Me alejé de los templos grandilocuentes y tomé clases en la taberna mas decrépita del barrio. Transformé la sangre en mi vino y el cuerpo de sus zorras en mi pan de cada día. Me comí todo mi pasado en mesas donde no me habían invitado.

Aprendí la lección de los profesores más decadentes, competí con los más corruptos y gané la partida completa de la decadencia contra toda expectativa.

Me pregunto que pensará la gente que me vió caer en esta locura tan bendita. Imagino sus comentarios cuando yo paso y sus miradas de complicidad criticando cada uno de mis movimientos.

Los años hacen que mi cuerpo se vaya olvidando de toda aquella coherencia que me impusieron las leyes de lo políticamente correcto. Con cada paso con el que me acerco a la verdad cometo error tras error en el intento. De tanto fallar, me he hecho adicto a acertar.

Ahora por fin he llegado al fin del camino, al final del prólogo que largo tiempo atrás debía haber terminado. Pasando la página me encuentro delante de mí aquella buhardilla donde se concibe al monstruo del gótico delirio. Unos objetos romos, rancios y desprovistos de mentiras. Hojas en blanco y recipientes llenos de tinta negra que verter durante el resto de lo que yo quiera vivir.

En la sombra de lo bohemio, despegado por fín de la luz en la que yo nunca habité .

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